Javier Cercas gana el premio Planeta con una novela sobre la Cataluña del 2017

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Ara.cat, 15/10/2019

Ara.cat 15/10/2019

Manuel Vilas queda finalista con ‘Alegría’, una novela con toques autobiográficos

El Planeta, el galardón literario mejor dotado después del Nobel -601.000 euros-, ha recompensado en esta edición, que se ha celebrado por primera vez en el Museo Nacional de Arte de Cataluña, dos autores de obra exigente y al mismo tiempo popular, Javier Cercas y Manuel Vilas. No es el único rasgo que ambos comparten: tanto el autor de Soldados de Salamina como el de Ordesa han perseguido el intento de borrar las fronteras entre realidad y ficción en algunos de sus libros más conocidos, que ofrecen una mirada reflexiva -también controvertida- al pasado reciente del país. Finalmente, y no es una circunstancia anecdótica, tanto Cercas como Vilas provienen de sellos de Penguin Random House, el gran rival editorial de Planeta actualmente: el primero, estaba vinculado a Literatura Random House desde hacía una década, cuando publicó Anatomía de un instante; el segundo ha dado a conocer prácticamente toda su trayectoria como novelista, con libros como Aire nuestro (2009), El luminoso regalo (2013) y Ordesa (2018), del que, sólo en castellano, se han vendido más de 100.000 ejemplares.

«Es la primera vez que me presento a un premio literario: si soy tan feliz es porque al día siguiente del premio, los vecinos me miran con una mezcla inconfundible de conmiseración y solidaridad, como si me dijeran que no me preocupe, que algún día lo ganaré -ha explicado Cercas-. También soy feliz porque esta novela es especial en mi trayectoria, y un premio como este es importante. Tengo 57 años y corro el riesgo de repetirme. esta novela es el intento de convertirme en otro escritor «.

La novela de Cercas se llama Terra Alta, y promete llevar cola, porque está ambientada en parte durante agosto de 2017, durante los atentados yihadistas de Barcelona y Cambrils. Uno de sus protagonistas es el mozo de escuadra que abatió cuatro de los terroristas del comando de la Rambla cuando se disponían a atacar Cambrils armados con cuchillos y cinturones con explosivos de mentira. «La mayoría de libros míos han sido thrillers, y en este caso he hecho lo mismo -ha añadido Cercas-. A diferencia de las otras novelas, aquí habrá que leer hasta el final para saber quién ha sido el asesino». El policía que investiga los crímenes que acaban de tener lugar en la Terra Alta, «una comarca donde no pasa nada», también tiene un pasado que se irá desvelando a medida que avance la acción. Hay tres temas de la novela que el autor ha querido remarcar: «El valor de la ley, la legitimidad de la venganza, y también la epopeya de un hombre que busca su lugar en el mundo».

Una mirada en la Cataluña de ahora

Cercas, que ha convertido la construcción interesada de la verdad y la ambigüedad de la memoria en dos de los motores de su narrativa, se aproxima en este caso a uno de los capítulos más siniestros de la Cataluña reciente, inmersa en los preparativos del referéndum del 1 de Octubre, a través del entrelazamiento de dos historias, la del crimen de un matrimonio y la historia del mozo misterioso, que se escondió tras los ataques: antes de convertirse en héroe habría pasado por la cárcel y, aún más atrás, habría recibido formación militar en el tercio Gran Capitán de la Legión. El seudónimo escogido por Cercas, Melchor Marín, remite al coronel jefe del tercio, aunque el personaje principal del libro se llama así. Y el título falso con el que había presentado la novela al premio, Cristales rotos, indica que el trasfondo político y los fantasmas del pasado, muy presentes en novelas como El impostor y Soldados de Salamina, volverán a ser cruciales en Terra Alta . «Aun así, quiero remarcar que no es un libro sobre el proceso de independencia que se ha vivido desde 2012 -ha dicho el escritor-. Cuando terminé El monarca de las sombras tuve la certeza de que había llegado al final de un camino. no sabía dónde quería ir y me aterra la idea de repetirme. Una serie de circunstancias desgraciadas, que tenían que ver no tanto con mi vida personal sino con la del país, me ayudaron mucho como escritor «.

Traducido a una treintena de lenguas desde el éxito de Soldados de Salamina (2001), Javier Cercas se ha colocado en el centro de varias polémicas durante la última década. En primer lugar, fue sonada su salida de Tusquets -Editorial entonces independiente donde había publicado Soldados de Salamina– cuando Anatomía de un instante (2009) apareció en Literatura Mondadori, una de las colecciones dirigidas por el editor Claudio López de Lamadrid, fallecido este enero a consecuencia de un infarto cerebral a los 58 años. También se habló bastante del uso, legítimo o no, de la figura de Enric Marco, ex presidente de la Amical de Mauthausen que mintió sobre la estancia en los campos de concentración, en la novela El impostor (2014 ). Finalmente, han sido muchas las ocasiones en que las opiniones de Cercas sobre el proceso de independencia de Cataluña han levantado ampollas. Una de las últimas fue una columna de opinión el verano pasado en el que recordaba que había sido catalanista durante años y que dudaba seguir siéndolo: «No sé si el catalanismo es viable sin el nacionalismo, que ha demostrado ser incompatible con la democracia «.

La catarsis de Manuel Vilas

El perfil de Manuel Vilas -también nacido en 1962, como Cercas, pero en Basbastre- es menos explosivo. La literatura confesional del autor aragonés ha estructurado poemarios como Resurrección (Visor, 2005), ensayos como Lou Reed era español (Malpaso, 2016) y narraciones como la de Ordesa (Alfaguara, 2018), uno de los libros más destacados del año pasado, tanto en cuanto a la repercusión en ventas como en la valoración crítica, y con un recorrido internacional por, al menos, una decena de lenguas.

«El título de Alegría es importante porque tiene que ver con el contenido de la novela. La historia que cuento es la de un hombre que en la madurez se da cuenta que la alegría es el sentimiento más importante de la vida, más que la felicidad. Y se da cuenta también que memoria y alegría son lo mismo. Finalmente, se da cuenta que contemplar los seres queridos es lo que lo anima «, dijo Vilas sobre Alegría, que presentó al galardón con el título provisional de Tal como éramos.» Hay muchos países, ciudades y habitaciones de hotel donde pasan muchas cosas -continuó-. El libro también es una historia que quiere hablar del presente social y político de España, pero también del mundo, hay una intención social y un pensamiento de carácter político. La búsqueda de sentimientos puros en tiempos de desesperación colectiva sería un resumen que yo como escritor haría de la novela «.

Ordesa profundizaba en el sentimiento de orfandad de Vilas a partir de la muerte del padre y de la madre, del divorcio y de la decisión de dejar el alcohol, que se había convertido en un problema serio para el autor. «Cuando ves morir a los padres te das cuenta que tu ingravidez nace -decía entonces-. «Vivir es ver morir», decía Azorín. De repente, empiezas a tener miedo de dejar de ser y empiezas a buscar verdades sólidas «. Alegría, obra finalista del 68º premio Planeta -recibirá 150.250 euros- empieza allí donde acababa Ordesa. Aquí el narrador es un hombre de mediana edad que ha tenido éxito en su profesión y que se dedica a detallar su día a día personal sin ahorrarse comentarios irónicos y a menudo descarnados sobre la sociedad española actual. «la relación entre literatura y catarsis es muy estrecha: piense en la carta que Kafka escribió a su padre «, afirma el autor.

Vilas, que vive medio año en Iowa, donde da clases de escritura creativa en el prestigioso Writer ‘s Workshop, culmina con Alegría una década de creación pletórica, durante la que ha publicado, además de los títulos ya mencionados, los versos estremecedores de El hundimiento (Visor, 2015), las novelas Los inmortales (Alfaguara, 2012) y el Luminoso regalo (Alfaguara, 2013), el libro de viajes América (Círculo de Tiza, 2017) y el libro de cuentos Setecientos de millones de rinocerontes ( Alfaguara, 2015).

Premiando dos autores como Cercas y Vilas, el premio Planeta recupera la ambición literaria -no reñida con la comercialidad- de algunos libros del palmarés reciente, como El huerto de mi amada, de Alfredo Bryce Echenique (2002); La fortuna de Matilda Turpin, de Álvaro Pombo (2006), y Riña de gatos, de Eduardo Mendoza (2010).